sábado, 14 de enero de 2012

LA DANZA EN EL RENACIMIENTO: CAPITULO IV - LA GALLARDA

LA DANZA EN EL RENACIMIENTO- IV : LA GALLARDA

Sonido y yo nos quedamos en fascinación al presenciar el bello espectáculo que es la Pavana que, como ya presentíamos, fue realmente regia y una experiencia inolvidable.
A la Pavana le siguió inmediatamente otra danza de diferentes características: La Gallarda, muy en contraste con la anterior.
Si la Pavana nos dejó boquiabiertos por su solemnidad, majestuosidad y elegancia, La Gallarda nos dejó totalmente alucinados por su ritmo frenético, la forma de danzarla, incluso la preparación física que se necesita para ello, teniendo en cuenta los trajes tan poco cómodos que usaban en esos tiempos, las damas con corsés muy apretados bajo unos trajes de tejidos muy pesados, llenos de adornos y pedrerías, golas y demás complementos no muy cómodos tanto en las vestimentas femeninas como las masculinas.¡Qué derroche de agilidad! Sorprendidos estamos todavía Sonido y yo…fue una experiencia única, nunca nos hubiéramos imaginado un contraste semejante.
Después de haber presenciado una Gallarda creo que está completamente justificado que nuestro amigo Jean Tabourot decidiera firmar con un seudónimo su ORCHESOGRAPHIE, porque convencida estoy de que no hubiera podido salir bien parado de la censura eclesiástica, teniendo en cuenta su condición de sacerdote.
Hay diferentes formas de la gallarda, unas menos vigorosas que otras, pero siempre son ritmos ternarios (Compás de 3 partes) que es precisamente lo que le da la característica de ritmo saltarín, vivo y alegre y dentro de las más vigorosas hay algunos pasos que eran ya “para nota” que se suele decir.
El turdión no es otra cosa que una gallarda más tranquila, sin vueltas ni saltos vigorosos. Se suelen encontrar partituras en las que los autores incluyen el turdión detrás de una pavana, como un todo y a veces es la misma melodía de la pavana pero cambiado el ritmo (la pavana es ritmo binario, de 2 partes).
La gallarda propiamente dicha es ya de tempo vivo y hay unos pasos especialmente enérgicos que imagino solo los mas jóvenes podrían con ellos. Existe un grabado de la época donde se ve a la reina Isabel I de Inglaterra ejecutando uno de esos pasos frenéticos con el conde de Leicester y parecen estar en buena forma dado que no eran muy jóvenes por aquel entonces. Dicen que esta reina utilizaba la gallarda como ejercicio gimnástico para mantenerse en forma, posiblemente una forma antecesora del aeróbic.
Arbeau en su ORCHESOGRAPHIE dedica a la gallarda nada menos que 40 páginas, y en esas cuarenta páginas describe como unas 20 formas diferentes de la gallarda. Cuando decía que se dedicó a escribir un libro sobre danzas porque en su juventud le gustaba mucho danzar, creo que no exageraba el señor Tabourot…Experiencia creo que no le faltaba.
En una de las formas de la gallarda, la más frenética, se utilizaba un paso llamado la volté, (la misma que ejecutan la reina Isabel I y el conde de Leicester) una pirueta que os la describiré con las propias palabras de Arbeau porque esa descripción es sublime:
“La gallarda se denomina así porque uno debe estar gozoso y animado para bailarla” Ni que decir tiene que lo primero que hay que hacer es estar en plena forma y muy animado para abordar tan especial danza de lo contrario sería morir en el intento.
Analizad detenidamente esta descripción: “Si queréis bailar la volté, debéis colocar la mano derecha en la espalda de la damisela y la izquierda debajo del busto y, empujándola con el muslo derecho puesto debajo de su nalga, hacedla dar la vuelta” Sin comentarios, amigos…sin comentarios…
Y sigue…“Después de haber dado vueltas durante tantas cadencias como os agrade, restituid la damisela a su lugar, cuando ella sienta, por más que ponga buena cara, su cerebro confundido, su cabeza llena de torbellinos vertiginosos, y vos no os sintáis en condición mucho mejor. Dejo a vuestro criterio considerar si es cosa apropiada para una joven practicar separaciones de piernas y pasos largos, y si no están implicados y amenazados en ello tanto el honor como la salud”
No hacen falta mis palabras…Solo me resta decir que cuando yo presumía que los jóvenes del siglo XVI no iban a ser menos…creo que no me equivocaba.
Nos comenta I. Horst en su libro FORMAS PRECLÁSICAS DE LA DANZA “que después de estas descripciones anteriores no resulta sorprendente que las damas de esa época adornasen sus ligas con sus más preciosos lazos de oro y plata” de lo cual se deduce que estaban encantadísimas con la gallarda y que no se si lo de las separaciones de piernas se veía como cosa poco honorable, pero de lo que estoy convencida es que a las damiselas no les afectaba lo mas mínimo ni al honor ni a la salud.
Con el reinado de Luis XIII, casto hombre, la volté desapareció y ya con el rey Luis XIV la gallarda murió totalmente.
-Sonidooo!!, estas por ahí?
Ven, que vamos a ensayar un poco eso de “la volté” a ver si nos ponemos en forma.
-Cuidado donde pones las manos ¿eh?...

MARIA DOLORES VELASCO